TURISMO EN TIERRADENTRO





Ya el propio nombre deja entrever que se trata de un territorio resguardado entre altas montañas, que presiden a lo lejos el Nevado del Huila y el Volcán Puracé. Actualmente sirve de asiento a la comunidad de los indígenas Paeces. Antes que ellos hubo aquí una antigua cultura que produjo representaciones muy afines a las figuras agustinianas, en piedra aunque las muestras líticas son más simples y mucho menos abundantes que en San Agustín, en oro y en cerámica. Figuras de felino con dientes cruzados, serpientes, lagartijas, algunas de ellas con cabeza humana, aves, ciempiés.

También empleaban colores parecidos en la decoración de paredes y recámaras. Pero, si el arte escultórico pierde aquí en riqueza y cantidad, el conjunto de las varias necrópolis y la arquitectura funeraria de los hipogeos (enormes recintos mortuorios subterráneos), alcanza los más refinados conceptos de espacio y ornamentación, a veces con una magnificencia comparable a la de las tumbas del Alto Egipto: a profundidades que oscilan entre cuatro y siete metros, se hallan de una a tres cámaras ovales, semicirculares o de formas más complejas, con nichos y recintos laterales o sin ellos y con techos cóncavos, de alturas internas cercanas a tres metros en algunos casos. Los hipogeos se sostienen mediante columnas labradas durante la excavación, rematadas a modo de capiteles por figuras semejantes a las cabezas de la estatuaria.

Todo el recinto suele estar intensamente decorado con diseños geométricas, de colores rojo-azafrán-ocre y negro sobre fondo blanco, recubriendo paredes, techos, columnas, nichos. Las cámaras subterráneas se comunican al exterior mediante complicadas escaleras, trampas y giros, para dificultar la entrada de extraños. Los hipogeos eran el sitio de enterramientos secundarios, colectivos, después de un período breve en que los muertos eran llevados a pequeños fosos individuales, lejos de las viviendas. Muchos hipogeos parecen haber estado directamente asociados a éstas, y allí iban trasladándose en urnas o en piezas cerámicas los muertos de varias generaciones, cumpliendo así una función más perdurable y sin duda más lograda arquitectónicamente que las propias casas, de las cuales no quedan vestigios.

tierradentro La visita de las tumbas exige un recorrido de dos o tres horas a pie o a caballo, partiendo del Refugio. Como hay varias docenas de tumbas abiertas, no todas visitables, conviene asesorarse de algún guía del Parque para escoger las que presenten mayor interés. La belleza de la zona y el clima benigno hacen muy agradable el paseo: Los fechamientos de Tierradentro van desde el siglo VIII a. C. hasta el siglo VIII d. C., lo que hace coincidir su existencia con el período de mayor esplendor de la cultura agustiniana, con la cual guarda indudables nexos.

La región está sembrada de pequeños poblados Paeces, que se distinguen por la belleza de sus capillas doctrineras, muy parecidas a la de San Andrés de Pisimbalá, las que merecen ser visitadas, pese al abandono por parte de las autoridades que tienen a su cargo la salvaguardia del patrimonio. Hay también un pequeño museo y ventas de artesanías.

Las necrópolis de Tierradentro están dispersas por una amplia región. Los sitios de mayor interés son Segovia, el Duende, el Tablón, Alto de San Andrés y el Aguacate.



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