TURISMO EN POPAYAN





Popayan

Al lado del río Cauca, que baja todavía muy joven, y en el Valle de Pubenza, es la ciudad histórica por antonomasia. Otras con legado parecido como Cartagena, Tunja o Bogotá misma, conservan en ciertos aspectos mejor sus elementos testimoniales del pasado, pero no lo viven en grado comparable al de Popayán, donde se puede decir que la comunidad existe por y para la historia. La ciudad, reconstruida en un esfuerzo gigante del país entero, a raíz de la devastación que produjo el terremoto de 1983, la última vez, puesto que ya había sido también arrasada mucho antes, por igual motivo.

La riqueza de la época de la Colonia adquirió aquí un sabor más señorial y una arquitectura más imponente que al centro del país, por cuanto la comarca caucana añadía al dominio feudal de la tierra y a la consiguiente subordinación de una cantidad de indios «de labor», de los que aquí había en abundancia, y unos recursos mineros importantes; Por lo mismo hubo también grandes importaciones de esclavos. Popayán, por cierto, fue el fortín principal de los antiabolicionistas del siglo XIX. A ello se añadía la existencia de un centro universitario de importancia y el intercambio permanente con Quito y el Virreinato del Perú, que tenían muchas más pretensiones de riqueza y de cultura formal que el ambiente neogranadino, generalmente sobrio y modesto. Caracteriza a las gentes de esta región cierta tradición familiar de permanecer en la tierra de sus ancestros y rendirle tributo al honor familiar, al abolengo y a la política, con todas las connotaciones de un patriotismo de frontera, del mejor linaje castellano.

De ahí que Popayán haya suplantado muchas veces el centro del poder durante la República; que haya sido el punto de origen de varias guerras civiles y que haya dado a la nación una larga galería de generales, presidentes, obispos y arzobispos, embajadores y hombres públicos, cuya memoria se venera en el Panteón de los Próceres, dicho sea de paso, uno de los sitios a visitar. De allí también que el choque con las culturas indígenas y los conflictos de tierras hayan provocado mayores resentimientos sociales que en otros lares. Aun se hallan en restauración algunos de los edificios que fueron destruidos por el terremoto o agrietados al punto de hacer obligada su demolición; en este aspecto, las pérdidas más sensibles tienen qué ver con el arte, el mobiliario y los decorados, muchos irrecuperables. Conviene hacer una visita guiada a los más importantes.

Hay generalmente buena ayuda en la oficina de turismo local, situada en la casa donde nació el Sabio Caldas y en la Arquidiócesis. Con pocas excepciones, las construcciones han vuelto con bastante fortuna a su estado original. Para ver están la Iglesia y el Claustro de San Francisco (1775); la Iglesia y Claustro de Santo Domingo con el único portal churrigueresco que existe en Colombia, y las Iglesias de San Agustín, la Encamación, El Carmen, la Catedral, la Ermita y la Capilla de Belén. Casi todos estos templos proceden de los siglos XVII y XVIII, pero fueron parcialmente reformados a raíz de los terremotos anteriores y de otras causas. También merecen una visita el claustro de la Universidad del Cauca y el Paraninfo. La Alcaldía y la Gobernación, donde se combinan varios edificios y varios estilos resueltos de manera discutible, pero interesante, el Museo Casa Valencia, que recuerda al poeta mayor de la ciudad y candidato fallido a la Presidencia de la República aunque uno de sus hijos fuera Presidente después; el Museo Casa Mosquera,  que recoge la historia de esta familia, ilustre  por el General Tomás Cipriano, varias veces Presidente en el siglo XIX, por su hermano Arzobispo y su medio hermano José María Obando, un líder liberal de gran calado popular; el Museo de Arte Religioso, tal vez el mejor de Colombia, con una excelente muestra de la riqueza ornamental, imaginería y vasos sagrados de las iglesias caucanas.

Popayan (1) La Fundación Banco del Estado tiene a pocos pasos del parque principal una sede con buena actividad cultural para exposiciones y conciertos, donde además puede informarse de eventos interesantes en otros recintos. El más importante de tales eventos, es de lejos la Semana Santa, celebrada con pompa, lujo, tradiciones de barrio y de cada grupo familiar, calidad de imágenes y organización Cuidadosa, a un grado que no tiene par en el continente. Paralelamente a la Semana Santa se celebra un Festival de Música Religiosa que concentra los mejores coros, orquestas y conjuntos de música barroca del país. De concurrirse a él, conviene proveerse de boletos con anticipación y ocupar lugar temprano, pues hay demasiada gente para muy poco espacio. En cercanías de Popayán hay una serie de haciendas de enorme valor histórico y arquitectónico, empezando por la bellísima Calibío a 32 km de la ciudad, escenario de la batalla de 1814, cuya gran casona data del siglo XVII. También hay planes de excursión más largos, a Coconuco donde existe un hotelito tradicional, o al Parque Natural Puracé, en el corazón del Macizo Central, con importantes fuentes termales y un centro recreativo de Pilimbalá, cabañas y piscinas, todavía bastante cerca y en las estribaciones del volcán Puracé.

El Parque tiene docenas de lugares interesantes, lagos azufrados, lagunas de altura, miradores, páramos, cascadas, cráteres inactivos, por una gran extensión de montañas. Por allí mismo va una segunda ruta hacia San Agustín. En Popayán hay buenos hostales, de ambiente colonial. Tres o cuatro restaurantes, no muy fuertes en comida internacional pero sí en platos típicos locales como tamales y empanadas de pipián, sopa de carantanta, champús y una fórmula local muy sabrosa de salpicón. Adelante de Popayán hay un tramo algo peligroso hasta Timbío y luego un sitio de parada en El Bordo, km 95 sobre el río Patía, de donde nace el gran cañón. Se asciende de nuevo y un poco más adelante se entra en jurisdicción de Nariño y finalmente a Pasto, capital del departamento, a 253 km de Popayán. Los últimos kilómetros exigen mayor cuidado porque el tráfico se intensifica sorpresivamente por el Aeropuerto.



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