TURISMO EN LA AMAZONIA





Colombia tiene un extenso territorio amazónico: más de trescientos cincuenta mil kilómetros cuadrados, que corresponde al tercio inferior del país. La ribera que le pertenece directamente sobre el río Amazonas propiamente dicho apenas sobrepasa un centenar de kilómetros; recuperada en la guerra con el Perú durante los años treinta y forma la base de un trapecio, en cuyo centro se encuentra el Parque Nacional Amacayacu. Sobre el río hay dos poblaciones colombianas muy llamativas: Leticia a 75 minutos de vuelo en jet comercial des® Bogotá-y Puerto Nariño; así como el Parque Nacional del Araracuara.

Es la capital y está en medio de un amplio claro de selva, sin muchos atractivos internos, pero entretenida y con un movimiento comercial intenso con el Brasil y el Perú. Hay algunos hoteles de tipo urbano, de categoría media hacia abajo. También hay un zoológico, un serpentario con algunas colecciones de boas y cocodrilos que hacen parte de los atractivos de un parque o un hotel, un centro cultural del Banco de la República y un Museo Etnográfico que reúne materiales indígenas de catorce tribus cercanas. Leticia tiene un estatuto especial de Zona de Libre Comercio, con un cupo para compras sin impuestos en condiciones que conviene verificar antes del viaje. Como la frontera terrestre con el Brasil cruza al pie del poblado, la diversión de los brasileños es pasar a Leticia y la[de los leticianos ir de compras á Tabatinga, a pocos minutos en taxi o un cuarto de hora a pie.

Tabatinga tiene muy buenas conexiones aéreas. Y la típica vida nocturna de un punto de escala fluvial. Una experiencia interesante es desayunar temprano un día en el mercado de Leticia cerca del puerto; es limpio, barato, bueno y animado. Para entrar en contacto con la selva hay que navegar por el río. Existe una amplia oferta de lanchas de alquiler y también barcazas para grupos, con guianza para recorridos cercanos.

Amerita tomar información previa sobre el tiempo de travesía porque algunas exclusiones son muy lentas y fatigosas. También se vive la experiencia de selva tomando la única carretera de penetración, vía a Tarapacá en lo alto del trapecio, sobre el Río Putumayo; el carreteable continúa hasta más arriba hasta La Pedrera, puerto sobre el Caquetá, en una expedición relativamente más larga.

Remontar unas horas en lancha o en hidroavión el río Amazonas desde Leticia, da una muestra muy completa del paisaje amazónico y se justifica ampliamente: muy cerca está la Isla de los Micos, dedicada a la reproducción de especies de monos de laboratorio, donde existe un refugio aceptable para una noche, o para una estancia mayor si se prefiere no alojarse en Leticia; también se pueden visitar un par de caseríos indígenas yaguas.

Si se desea conocer el Parque Amacayacu se debe continuar río arriba hasta las bocas de lá quebrada Matamatá, unas dos horas en lancha desde Leticia en unos 60 km de recorrido y remontar por ésta quince minutos más hasta encontrar el río Amacayacu y luego el centro de visitantes «Yeguaé», donde hay alojamiento en hamacas y servicio de cafetería. K1 Parque encierra muchas sorpresas botánicas: un dosel de bosque de 30 a 40 metros de altura, gran cantidad de palmas canangucha, guasay, chonta y otras, cedro rojo y blanco, caobos, sangretoro, uvos y uvillas, capirón, etc.; fauna variada y en abundancia con guacamayas, papagayos, pericos, pavones, morrocoyes; las ¡charapas, tortugas de agua dulce más grande ¡del mundo, caimanes negros, cocodrilos, iguanas, boas constrictor, anacondas, corales, dan-» tas, venados, nutrias, pumas, tigrillos, cinco especies de ardillas, diez especies de monos. Desde luego, no siempre es posible ver directamente todas las especies anotadas.

Si en lugar del Parque se desea proseguir por el río, a poco más de tres horas de Leticia, una más allá del desvío hacia Amacayacu, se llega a Puerto Nariño, 87 km de recorrido fluvial, donde hay un simpático hotelito de ambiente rústico, en un poblado muy pequeño. De allí se puede desplazar al día siguiente en algunas excursiones a pie por la zona o continuar por el río hacia los cercanos Lagos de Tarapoto, una red de caños de aguas tranquilas que forman lagos de gran belleza, encortinados por grandes árboles y lianas que cierran a veces la vista del cielo.

En éste y otros lagos de la región es posible apreciar la Victoria Regia, variedad gigantesca de loto; toninas o bujeos delfines rosados de agua dulce. Por toda la región podrá conocer gran diversidad de peces, desde los diminutos de colores, las carnívoras pirañas, las muchas comestibles de pesca artesanal, el valentón, el temblón o anguila eléctrica y otras especies mayores de explotación industrial, de hasta tres y más metros de largo y varias arrobas de peso.

En Leticia es posible conectar operadores locales que organizarán otros paseos de día o de noche como pesca o caza de babillas con linterna y sin daño a los animales, visita a los caseríos Ticunas y a Benjamín Constant, del lado brasileño, o al costado peruano del río.

Araracuara Cahuinari Otro destino amazónico, ya no colindante con el Amazonas mismo sino en media selva, es Araracuara, en el extremo sur del departamento del Caquetá y a orillas del río del mismo nom-" bre. Se llega por vía aérea con escala previa en San José del Guaviare, o en vuelo especial,! previa autorización de la Corporación Arara-i cuara, en Bogotá, para resolver permanencia y alojamiento.

Este es sin duda un lugar mágico e irrepetible. Combina unas condiciones de fauna y flora igual de ricas a las descritas atrás, con otras particularidades muy singulares: un río gigantesco que tiene que adelgazar su cauce de doscientos cincuenta metros de ancho a una tercera parte, para poder penetrar por un cañón de varios kilómetros de largo, entre la «escarpa», una prominencia que emerge bajo la selva, formada por capas de roca superpuestas hasta unos 300 m de altura, creándose así un formidable paisaje de precipicio, rápidos, estrépito del agua contra las rompientes, grandes paredes de roca cortada en setenta o más metros de altura y una vegetación de contrastes; encima de la escarpa el bosque crece enano: árboles centenarios apenas alcanzan unos pocos centímetros del suelo.

La Amazonía

El estrecho desemboca a un lugar donde el raudal hace casi una cascada y se abre de nuevo en un amplio remanso. De este lado existe una estación de investigación amazónica y un herbario, que pertenecen a la Corporación Araracuara. Allí se puede consultar material científico de primera mano, compartir con investigadores residentes los temas de la región y ver de cerca más de treinta de las especies animales: tigrillos, dantas, charapas, pavas, venados, armadillos, etc., sometidas a estudio en un interesante zoocriadero. Abundan los petroglifos prehispánicos en las orillas del Caquetá, antes y después del estrecho.

A poca distancia existe una comunidad indígena Andoque, vuelta a reunir por un heroico cacique y por su hijo en una búsqueda de más de veinte años por los ríos, hasta hallar a los sobrevivientes de su tribu, dispersados durante la esclavitud del caucho, hacia los años treinta; es posible compartir esa historia con otros relatos de su cultura. Al frente de Araracuara está Puerto Santander, una pequeña aldea de colonos, muchos de ellos exguardianes o expresidiarios de una colonia penal que existió en el lugar hace algunas décadas; allí se mantienen aún los archivos del Penal y se cuentan todas las aventuras imaginables sobre los convictos y sus captores.

Desde Araracuara se puede descender por el río hacia el Parque Cahuinarí, cuyos sitios de interés son la Quebrada La Culebra a 130 km, el Quebradón del Sol a 200 km, el campamento mayor de la desaparecida Casa Arana y varios poblados indígenas, lo cual se puede intentar sólo si se dispone de dos o tres semanas.

En tal caso, el Caquetá lleva hasta La Pedrera, en los límites con el Brasil. Para entrar a los caseríos del Resguardo hay que ir provisto de autorización por parte de la Oficina de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior. Conviene tener bien calculada la conexión: con algún vuelo de salida, pues los itinerarios de aviones en la selva no son muy fiables.



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