Qué Fue La Nueva Granada





El Congreso Admirable, instalado por el Liber­tador el 20 de enero de 1830, fue el lecho agónico de la Gran Colombia; Bolívar, agobiado no tanto por su enfermedad cuanto por la ingratitud y las afrentas que se le hicieron, vio allí cómo le nega­ban el voto y elegían presidente a otro; sus amigos íntimos luchaban por imponerlo y sus enemigos por alejarlo del poder.

El 4 de mayo se eligió como presidente a Joa­quín Mosquera y como vicepresidente al general Domingo Caicedo, que por ausencia de aquel asu­mió el mando. El día 8 Bolívar salió rumbo a la costa y la capital quedó libre de su presencia y sumida en la anarquía. A comienzos de agosto pasó por Bogotá el batallón "Callao" procedente de Lima, al mando del coronel Florencio Jiménez, con destino a su país, Venezuela, lo que aprove­charon los bolivianos y enemigos del gobierno de Caicedo para sublevarlo contra éste. Vencidos los gobiernistas en un primer encuentro en Zipaquirá, se reunieron más fuerzas bajo el mando de Jiménez; propuestas a derrocarlo, avanzaron so­bre Bogotá y, en el sitio de El Santuario, por los lados de Puente Grande hacia Funza, dieron bata­lla a las tropas del gobierno al mando del coronel Pedro Antonio García, a quien derrotaron.

De esta victoria surgió la dictadura del venezo­lano general Rafael Urdaneta, que hada años es­taba en Bogotá y fue presidente del consejo de guerra que sentenció a muerte al almirante Padi­lla, al coronel Guerra e inclusive al general San­tander. Al asumir el mando invitó a Bolívar para entregárselo, pero éste se negó a servir de interme­diario para no acusar peores males a la república.

Una avalancha de protestas se levanto contra Urdaneta. Varias provincias declararon su separa­ción de la Nueva Granada y su anexión a los países vecinos, al tiempo que éstos, valiéndose de tal circunstancia, también buscaban su anexión: las de Casanare y Guajira a Venezuela, que no las aceptó; las de Pasto y Popayán al Ecuador, en tanto que éste gestionaba la anexión de las provincias de Buenaventura y de otras del Valle del Cauca. Ur­daneta impuso gobernadores venezolanos en nue­ve de las once provincias granadinas.

Los generales José Hilario López y José María Obando, caudillos del sur, se sublevaron contra el intruso Urdaneta y, declarados en rebeldía, busca­ron la alianza de otros jefes alrededor del vicepre­sidente Caicedo que, en trance de revolucionario por la legitimidad, asumió el mando el 14 de abril de 1831 en Purificación. Congregados allí los re­beldes formaron un gran ejército y marcharon sobre Bogotá. Entre tanto, en diversas poblaciones se hacían pronunciamientos y se levantaban con­tingentes para luchar contra Urdaneta. Esto le hizo comprender que era impopular, y ante el avance de Caicedo mandó comisionados a espe­rarlo en el paso del Fusagasugá o río Sumapaz; más adelante, en el sitio de Juntas de Apulo se firmó la capitulación y entrega del poder, el 28 de abril.

El 2 de mayo, en Funza, Urdaneta se declaró cesante, actitud que la posteridad le ha reconocido con gratitud, pues evitó una guerra civil, al com­prender que no tenía razón para gobernar en un país que no era el suyo. Restablecido el general Caicedo, Urdaneta y otros venezolanos salieron del país y los granadinos quedaron dueños de su gobierno, dispuestos a gobernarse por sí mismos.

Posesionado Caicedo el día 3, convocó a una convención de las provincias de Nueva Granada para organizarse como Estado independiente, la cual se instaló el 20 de octubre y el 17 de noviem­bre votó la Ley Fundamental, por la cual "Las provincias del centro de Colombia (Gran Colom­bia) forman un Estado con el nombre de Nueva Granada". Esta es la ley constitutiva y orgánica de la Colombia de hoy, que nació el 17 de noviembre de 1831 con el nombre de Nueva Granada.

Se eligió en reemplazo de Caicedo al general José Ma. Obando, con lo que el país ganó a Popa­yán y a Pasto, hasta entonces anexadas al Ecuador y por lo que no figuran como firmantes de la Constitución orgánica de la Nueva Granada del l° de marzo de 1832. El venezolano general Juan José Flores, presidente de Ecuador, hizo desde entonces la guerra al país, y fue derrotado siempre que lo invadió.

Lo primero que hizo esta convención fue de­volverle al general Santander los derechos políti­cos, que en 1828 le habían sido suspendidos a raíz de la conspiración septembrina. Además su con­dena a muerte por el consejo de guerra presidido por Urdaneta, le fue conmutada por la de des­tierro.

El nombre Nueva Granada posee un gran con­tenido histórico. En aquel momento fue el agluti­nante de las provincias de la antigua Real Audiencia de Santa Fe, que quedaron dentro de los límites del Uti possidetis juris de 1810. Dicha ley, del 17 de noviembre, creó una república con las provincias que constituyeron la Real Audiencia de Santa Fe, luego de la disgregación que sufrieron dentro de una confederación (la Gran Colombia), que no era centralista ni federalista, y sólo sirvió para conquistar la independencia y para dar una lección política que enseña que la patria no puede encarnar sino en la propia nación y en el alma de las gentes que la engendraron.

Santander fue el llamado a instaurar la repú­blica. Su trayectoria como general de la inde­pendencia era reconocida en grado sumo; su ayuda a Bolívar en la campaña libertadora de los otros países era más que palpable; su firme posi­ción como civilista era la mejor garantía para la república. Así se le llamaba "El hombre de las leyes", "El fundador y organizador de la república", "El primer mandatario civilista de América". Bolívar lo llamaba "El mejor administrador".

Como vicepresidente de la Gran Colombia, Santander la organizó civil y militarmente, al igual que a la hacienda pública y a la justicia; creó colegios, una universidad, un museo y la acade­mia. Al posesionarse como presidente el 7 de oc­tubre de 1832, prosiguió el proceso de organización administrativa y consolidó la uni­dad nacional con la reincorporación del Cauca. El Congreso decretó el escudo y la bandera de la nación, se inició la liquidación de la deuda externa con Venezuela y Ecuador y la definición de límites con los vecinos; se dio el clima propicio para la formación de los partidos políticos que, en la Con­vención de Ocaña de 1828, se habían definido en torno suyo (santanderista) y en el de Bolívar (bolivariano).

La gesta nacional granadina fue protagoniza­da por una generación procera de militares y civi­les, formados en los campos de batalla de la independencia y en los congresos de Bolívar, y los que ahora entraban a disputarse el liderazgo po­lítico. Al dejar los campos de batalla los militares pasaron a ser constituyentes, legisladores y esta­distas, pues tenían que intervenir en los destinos del país que habían forjado con su espada y su acción y que no podían entregar gratuitamente a la nueva generación de sus hijos, inexperta e igno­rante de los sacrificios que había costado la liber­tad de la que ahora entraban a disfrutar.

Santander gobernó hasta el lo. de abril de 1837 y lo sucedió el eminente jurista José Ignacio de Márquez, quien debió afrontar la primera guerra civil, la revolución de los "Supremos" o de los "Conventos", que se originó en un decreto del Congreso del 5 de junio de 1839, en el que se suprimían los conventos menores y se destinaban sus edificios al establecimiento de colegios y es­cuelas y al fomento de las misiones de Mocoa, Casanare y San Martín, contra lo cual se levantó en armas el padre Francisco Villota, de Pasto, al que respaldaron los sacerdotes y los pastusos y que, en julio de 1839, obligaron al gobernador de Pasto a firmar una capitulación.

El gobierno central mandó al general Pedro Alcántara Herrán a combatirlo, pero en enero de 1840 en Timbío se proclamó jefe de la revolución el general José Ma. Obando, con el título de "su­premo" director, ejemplo que siguieron otros cau­dillos regionales, al declararse en guerra como "supremos"; así surgieron en sus respectivas pro­vincias los coroneles Vicente Vanegas en Vélez, Juan José Reyes Patria en Sogamoso y José María Vesga en Mariquita; el general Francisco Carmona en Santa Marta, el coronel Manuel González en el Socorro, Juan A. Gutiérrez de Piñeres en Cartage­na, Salvador Córdoba en Medellín, y otros en Mompox, Casanare, Panamá y Veraguas.

Esta revolución no fue tanto una lucha por la supresión de los conventos sino más bien tuvo un propósito liberal revolucionario. Grandes batallas se libraron contra el gobierno, de cuya defensa fue encargado el general Herrán, de quien era segun­do el coronel T.C. de Mosquera. Tras derrotar a Obando en Chaguarbamba y Huilquipamba, en agosto y septiembre de 1840, éste huyó al Perú, donde vivió varios años de una huerta de hortali­zas. Herrán y Mosquera marcharon al norte y vencieron en las batallas de Aratoca y Tescua en enero y abril de 1841, respectivamente.

En las cercanías de Bogotá fue donde se definió la revolución, en la batalla de la Culebrera o Buenavista, el 28 de octubre de 1840, que fue ganada por los gobiernistas, al mando del general Juan José Neira, sobre los revolucionarios del coronel Manuel González.

Triunfante el partido de los ministeriales (con­servadores), el general Pedro Alcántara Herrán fue elegido presidente para el período 1841-1845, durante el cual, como lógica consecuencia de toda revolución victoriosa, lo primero que hizo fue reformar la Constitución de 1832, que vino a ser substituida por la de 1843, centralista y conserva­dora, que fortaleció el ejecutivo e impuso el voto restringido o condicionado a saber leer y escribir. En el campo político, se acentuó el predominio de los ministeriales, de tendencia conservadora, que más adelante, con los liberales partid arios del vie­jo orden y de la religión católica, vino a formar en 1849 el Partido Conservador.

El gobierno más trascendental de los años cua­renta fue el del general Tomás C. de Mosquera, prócer de la independencia, edecán del Liberta­dor, hombre de rancio abolengo y de una de las familias más aristocráticas del Cauca, orgulloso, valiente, estudioso y luchador.

Mosquera gobernó de 1845 a 1849 bajo la ban­dera del conservatismo. Su administración fue una de las más progresistas del siglo, y se caracte­rizó por las siguientes realizaciones: restableci­miento de la navegación del Magdalena; contrato de construcción del ferrocarril de Panamá, que sería el principio de la intervención o intromisión legalizada de los Estados Unidos en el istmo de Panamá y de la pérdida de éste en 1903; adopción del sistema métrico decimal francés, que desplazó al español y abrió un camino más a la influencia cultural de Francia; creación de las Sociedades Democráticas, grupos político-sociales que agluti­naron a los artesanos en defensa de su industria y más tarde vinieron a constituir fuerzas de agita­ción; iniciación de las construcciones del Capitolio Nacional; fomento de la enseñanza de las ciencias; gestiones para contratar al coronel Agustín Codazzi con el fin de levantar la carta geográfica del país, que en el gobierno siguiente dio origen a la Comisión Corográfica; reforma monetaria; con­tratación de ingenieros extranjeros para construir un ferrocarril de Bogotá al Magdalena y de Cali a Buenaventura; fomento del establecimiento de imprentas. En general este mandatario propició mi ambiente de reformas económicas y sociales.



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