Geografía física y geografía humana
La geografía insiste actualmente en la morfología climática y en la aplicación de las matemáticas al análisis de las formas del relieve, en la climatología dinámica y en el estudio de los suelos, como puente de enlace entre la geografía física y la geografía humana.La geografía humana se orienta hacia la demografía, geografía sociológica, etnología y estudios del hábitat urbano.Finalmente acusa una creciente inclinación de la geografía hacia las aplicaciones prácticas, a fin de facilitar el desarrollo económico y social de los pueblos. En la URSS. EUA, Gran Bretaña y países del Benelux, la intervención de los geógrafos en la planificación de la agricultura, de la industria, del urbanismo y de los transportes es un hecho admitido. En los Estados Unidos un grupo de geógrafos intervino en la planificación del valle del Tennessee; en Bélgica el profesor C. Tulippe ha trabajado en la expansión industrial del bajo Mosa; y en Holanda, Boerman y Reegers actúan en la colonización de pólders y turberas. Por eso los países subdesarrollados solicitan la cooperación de los geógrafos.
Ratzel
Richthofen y Ratzel
En el último tercio del siglo pasado y primeros decenios del actual, la geografía recibió el impulso definitivo para convertirse en una ciencia moderna. Ferdinand von Richthofen (1833-1905), uno de los más notables cultivadores de la geografía física y audaz explorador del interior de China, excluyó el estudio del subsuelo, reservado a la geología. Otro geógrafo alemán, Federico Ratzel (l844-l904), es el verdadero fundador de la geografía humana, y la tercera gran mentalidad geográfica del siglo XIX. Su gran obra Antropogeografía fue completada por la Geografía política (1897), base del estudio de la influencia del suelo en la formación y desarrollo de las sociedades políticas.
Vidal de la Blache
En Francia, el gran maestro Paul Vidal de la Blache (1845-1918) y sus discípulos Jean Brunhes (1869-1930), Albert Demangeon (1872-1940), Lucien llois (1857-1941) y Raoul Blanchard (1867-1965) han ampliado notablemente los trabajos de geografía humana. En Alemania sobresalieron Albrecht Penck (1858-1945), Hermann Wagner (1840-1929), Fritz Machatscheck (n. 1876) y otros muchos, entre los cuales llevaron últimamente el cetro de la geografía Alfred Hettner (1859-1941) y Siegfrid Passarge (l867-l958).
Geología y geografía
En el estudio de los fenómenos geológicos relacionados con la geografía, cuyo fundamento se halla en la clásica obra del vienés E. Suess La faz de la Tierra, se distinguieron notablemente el norteamericano William Morris Davis (1850-1934), que formuló el famoso principio de los ciclos de erosión; el francés Emmanuel de Martonne divulgador de las ideas de aquél en Europa, y el ya citado Passarge, quien además introdujo en la geografía el conocimiento sistemático del paisaje natural como síntesis de esta ciencia.
Eliseo Reclus
Al mismo tiempo se editaron notables Obras de vulgarización geográfica -como La Terre, del francés Eliseo Reclus (1830-1905), en 1869, y los Nuevos problemas de geografía comparada, del alemán Oskar Peschel (1826-1875) en 1873-, que propagaron entre el público culto el gusto al estudio de la geografía física.
En Gotha (Alemania) se formó, a mediados de la misma centuria, un núcleo geográfico de la mayor importancia. La casa Justus Perthes publicó sucesivas ediciones del Atlas de Adolf Stieler.: (1775-1836), obra que funda y perfecciona los procedimientos cartográficos más exactos empleados en nuestros días. August Patermann (1822-1878) inició allí la publicación de la mejor de las revistas técnicas de geografía: sus Mitteilungen («Comunicaciones»), completadas por excelentes monografías anexas. El conjunto constituye la aportación más notable y erudita de que puede enorgullecerse la ciencia geográfica moderna.
Las sociedades geográficas
Las sociedades geográficas, fundadas en las principales ciudades europeas (París, 1821; Berlín, 1828; Londres, 1830, etc), agruparon los esfuerzos de exploradores y estudiosos, y fueron un eficaz medio de coordinación y auxilio para las expediciones y sus trabajos de exploración. En los Estados Unidos Se fundó en Washington. en 1888, la National Geographic Society, que con su magnífica revista titulada Geographic Magazine ha contribuido extraordinariamente a la divulgación de este orden de estudios.

La geografía como ciencia III
Una nueva metodología científica.

La difusión de tales principios destruyó el antiguo método de la geografia, que se limitaba a estudiar los países de manera aislada, sin tratar de comparar los fenómenos geográficos ni deducir de ellos leyes generales. El mayor mérito en esta obra de divulgación recae en el profesor universitario Karl Ritter (1779-1859), hombre mucho más sedentario. Sentó y formuló con timidez los principios que Humboldt había aplicado prácticamente, más que enunciado en forma dogmática. Para él, la posición mundial (Weltlage) de un pais es el primer hecho que se debe analizar cuando se le estudia. trátese de la región que se quiera. Menos afortunado estuvo en el riguroso empleo del principio de causalidad. Con todo, gracias a su famosa Geografía general comparada, se le considera como el primer geógrafo sistemático.
Evolución de la ciencia geográfica hasta nuestros días
En pocos años se vulgarizaron y triunfaron las ideas de Humboldt y Ritter. El primero ejerció una influencia directa, más que sobre la geografia, sobre los naturalistas. Entretanto, geólogos, botánicos, físicos y meteorólogos se especializaron cada día más en sus ciencias respectivas
Alexander Humboldt
El gran salto de Humboldt y Ritter
La geografía como ciencia II
El impacto de las ciencias físicas
Bien diferente de la simple descripción pintoresca, la geografía general iba preparándose, entretanto, en el austero telar de las preocupaciones científicas, gracias a los progresos de las ciencias físicas. En el siglo XVII, por vez primera desde la Antigüedad, se la reunió en un conjunto doctrinal: tal fue la Geographia Generalis, de Varenio (Bernhard Varen, 1622-1650). Muerto a los veintiocho años, su autor hubiera acaso dado un impulso formidable a la geografía, a juzgar por lo que prometía en aquella obra. Su plan y las ideas que presidieron su confección son ya muy superiores a las de la Antigüedad, y corresponden a las que, dos siglos más tarde, inspiraron a Humboldt.
De Varenio a Humboldt y Ritter
Ya hemos indicado los adelantos que durante el siglo XVII hicieron algunas ciencias afines a la geografía (cartografía y geodesia). Recordemos ahora, aquí, que en este periodo fueron precisamente las ciencias naturales las que alcanzaron mayores progresos. Los primeros geólogos—como Buffon, Hutton, Deluc, Leopoldo de Buch— se circunscribieron a los fenómenos que hoy se consideran como del dominio de la geografía física. Resultó este movimiento muy importante para el futuro de la geografía, y por él se explica que sean tan íntimos los lazos existentes entre la geología y ella, hasta el punto de que es difícil precisar dónde termina una y donde empieza la otra.
El relativo estancamiento de la geografía científica
Sin embargo, a los grandes progresos que experimentaron la cartografía y la geografía matemática no correspondió un positivo desarrollo de la geografía científica. La descriptiva logró ampliar el círculo de sus lectores, pero a base de alimentar su curiosidad relatando anécdotas extraordinarias y mezclando detalles históricos y políticos extraños a la geografía.
Alejandro de Humboldt. Explorador de la América española y del Asia central, los frutos de sus observaciones están reunidos en su obra capital, “Kosmos”
Régimen subsidiado
a continuación presentaremos un mapa donde se detallan la tasa de cobertura de afiliación al régimen subsidiado.
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La geografía como ciencia I
Orígenes de la geografía cientí?ca
A partir del Renacimiento se escribieron numerosos tratados de geografía regional descriptiva, pues no hallaron ambiente propicio las tímidas tentativas que se hicieron para enfocar la geografía desde un punto de mira más elevado. En cambio, las obras escritas a base de descripciones pintorescas, estudiando más los habitantes que el país y sus características, lograban halagar el gusto del público mediante anécdotas o relatos extraordinarios. Estas obras, aunque no tan exageradas, parecen derivar del que se considera prototipo del género: el famoso Libro de las Maravillas, escrito por el flamenco Jean de Mandeville (1300-¿1372?), en el siglo XIV. A ellas hay que añadir las áridas enumeraciones con que se pretendía aumentar la utilidad práctica de los tratados de geografía. Una de las descripciones del globo que mayor éxito tuvieron fue la Cosmographia, de Sebastian Münster (1489-1552), que alcanzó cuarenta y cuatro ediciones entre 1544 y 1650.
Regiones polares IV
Las exploraciones antárticas
El primer viajero que se adelantó a todos en las regiones antárticas fue, según hemos visto ya, el capitán Cook. A partir de los primeros años del siglo pasado empezaron a frecuentarse aquellas tierras heladas. James Weddell, cazador de focas, avanzó en su brick Jane hasta l0s 74° 15’ de latitud sur (1822-1823). De 1838 a 1843 exploraron cuidadosamente la Antártida la expedición del francés Dumont d’Urville (1790-1877) y la del inglés James Clark Ross, haciendo notables estudios y curiosas observaciones. Especialmente clamoroso fue el triunfo obtenido por este último, pues en 1841 descubrió el polo Sur magnético y la gran bahía austral que lleva su nombre y presiden los volcanes Erebus y Terror, como se llamaban los buques de su flota.
Coronación de múltiples esfuerzos
Tras largos años de esfuerzos de otros viajeros, entre los que podemos citar a George Stronge Nares (1831-1915), Erik von Drygalski (1865-1949), Cartens Borchgrevink (1864-1934), Adrien de Gerlache (1866-1934), Jean Charcot (1867-1936) y Ernest-Henry Schacleton (1874-1922), por fin, casi simultáneamente, llegaron los exploradores a las proximidades del polo austral. El noruego Amundsen, tantas veces citado, lo alcanza con relativa facilidad el 14 de diciembre de 1911. Un mes después, el 18 de enero de 1912, llegaba a la meta su rival, el capitán inglés Robert Falcon Scott (1868-1912), que había salido de Londres el día 1 de junio de 1910 a bordo del Terra Nova. A causa de las grandes dificultades que se acumularon a su regreso, los expedicionarios británicos sucumbieron, sufriendo con heroísmo su larga y dramática agonía.
